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Reseña | The Last Guardian

10 años después, el mundo maravilloso creado por Fumito Ueda aún tiene muchas leyendas por descubrir.

Fumito Ueda se ha ganado el respeto de toda la industria de los videojuegos tan solo con sus dos primeras obras: Ico y Shadow of the Colossus, ambos juegos capaces de transportarnos a un mundo lleno de criaturas fantásticas que, por magia de su creador, se sienten tan reales que han resultado entrañables para miles de jugadores. Contándonos historias en un lenguaje que no existe, y que a su vez resulta universal.

Después del aclamado Shadow of the Colossus —lanzado en octubre de 2005 para PlayStation 2— el mundo se frotaba las manos con lo que Ueda nos presentaría a continuación. En 2007 se comenzó el desarrollo de The Last Guardian y se anunció oficialmente al público durante la conferencia de Sony en E3 2009, con una fecha de lanzamiento tentativa para 2011 y apuntando a ser uno de los títulos exclusivos más importantes para PlayStation 3.

El tiempo pasó, el desarrollo sufrió innumerables retrasos y poco se sabía del juego. Muchos fans llegaron a pensar que The Last Guardian se sumaría a esa larga lista de juegos prometedores que nunca llegaron a ver la luz. En repetidas ocasiones se rumoreaba su cancelación definitiva, hasta que todo se desmintió en E3 2015, cuando Sony confirmó al 2016 como el año de lanzamiento del título que finalmente llegaría a su exitosa PlayStation 4, gracias a la colaboración de SIE Japan Studio y genDESIGN, el nuevo estudio fundado por Fumito Ueda.

Aún con esta confirmación se temía una cancelación del título, pues no se sabía mucho de la historia o los personajes. Algunas personalidades de PlayStation tuvieron que salir a dar declaraciones oficiales, asegurando que el juego seguía su proceso de desarrollo y que si no sabíamos mucho de él era porque se querían evitar filtraciones o spoilers de un juego en el que la historia es el pilar principal de la experiencia.

El 6 de diciembre pasado finalmente pudimos conocer la épica aventura que vivieron y la amistad que forjaron un misterioso niño y Trico, una enorme criatura mítica que parece ser la fusión de un gato, perro y alguna especie de ave.

¿Valió la pena la espera?, ¿la magia de Fumito Ueda sigue ahí?, esas eran las preguntas principales que me hice al jugar The Last Guardian y con gusto les comparto mi experiencia.

De vuelta a casa

The Last Guardian comienza con una premisa muy básica, tú tomas el control del niño —a quien nos referimos así porque nunca se revela su nombre—, despiertas en un lugar desconocido y debes escapar de ahí para regresar a tu aldea con tu familia.

No sabes cómo llegaste ahí y no sabes por qué, pero te encuentras muy cerca de una criatura enorme e imponente. Decides ayudar a esta criatura a la que el niño decide llamar Trico, pues está malherida y encadenada. Al liberar a Trico, retirar las lanzas clavadas en su cuerpo y ayudándolo a sanar al alimentarlo, el niño comienza a trabajar en conjunto con esta bestia, para que ambos puedan escapar de este misterioso valle lleno de construcciones antiguas, mismas que parecen abandonadas y que más tarde descubrimos que sólo se puede llegar vía aérea, ya que está rodeado por unas paredes gigantescas.

A lo largo del camino encontrarás a unas enigmáticas armaduras, que parecen moverse gracias a una extraña magia. Estas armaduras al detectar tu presencia y la de Trico sólo responden de una manera: atacarlos a ambos e intentar llevarte con ellos, ¿a dónde?, no se sabe, pero seguramente no queremos saber.

Trico y tú deben trabajar juntos para superar los obstáculos que el valle y las construcciones que ponen ante ustedes. En primera instancia podrías pensar que la bestia por su gran tamaño y fuerza es el más útil en esta aventura, pero es bastante gratificante ver cómo las características de cada uno son aprovechadas en distintas situaciones. Hay lugares pequeños por los que la enorme criatura no podría pasar jamás, o palancas que sólo el niño puede accionar para abrir puertas o bajar puentes por los que nuestro gigantesco amigo pasará.

Después de un tiempo de convivencia, el niño puede darle algunas instrucciones a Trico, como avanzar, empujar o saltar, pero no siempre obtendrás el resultado deseado a la primera. Fumito Ueda en varias entrevistas dijo que su intención con este juego era tratar de emular la relación que se tiene con las mascotas, con quienes forjamos un fuerte vínculo afectivo e incluso podemos llegar a ordenarles cosas, pero siendo formas de vida independientes al principio no nos hacen tanto caso, y se nota totalmente esta intención en el juego, precisamente con las órdenes que le damos a Trico y que no siempre obedece en seguida.

Este aspecto hace que Trico se sienta como un ser vivo real, más que una inteligencia artificial o un NPC, lo que se traduce en que en todo momento tienes la sensación de que el mundo en el que te encuentras realmente está vivo, a pesar de sólo contar con la compañía de este misterioso animal.

No me gustaría entrar en detalles de la historia, pues realmente me parece uno de los puntos más fuertes de la experiencia. Si aún no saben qué sucede en el juego y aún no han jugado el título, yo les recomendaría que traten de evitar cualquier tipo de spoiler a toda costa. Sin duda es un relato que los atrapará y los sorprenderá en más de una ocasión.

El camino y sus obstáculos 
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Para llegar al desenlace de la historia debemos superar una infinidad de obstáculos y encuentros con diversos enemigos, pero todo se vuelve aún más complicado por culpa de dos elementos muy importantes: la cámara y los controles.

El menor de estos problemas puede ser la cámara, pues en general es muy responsiva, pero hay ciertos ángulos en lugares muy específicos en los que perderás la visibilidad. Yo llegué a obtener pantallas completamente negras por la mala ubicación de la cámara y corregir su posición llega a ser molesto.

En cierto grado, los problemas con la cámara llegan a ser comprensibles, pues pasamos de enormes escenarios abiertos, a cavernas o cuartos muy reducidos. Además la cámara sigue a un personaje pequeño en todo momento —el niño—, incluso cuando montamos al enorme Trico. Sumen todos estos elementos y el resultado es de esperarse.

Los controles llegan a ser frustrantes en un par de ocasiones, pues en la mayor parte del juego los obstáculos se resuelven saltando y escalando, situaciones en las que la precisión es de vital importancia. Llegue a morir unas cuantas veces por saltar cuando no quería hacerlo o al creer que llegaría al borde de un edificio y el torpe control me lo hacía imposible.

Honestamente el control del niño sí se siente viejo, como los juegos de hace dos generaciones. Es el único aspecto que delata que este título comenzó a desarrollarse hace casi 10 años.

TheLastGuardian08

Aún así, los problemas con la cámara y los torpes controles no impiden que vivas una experiencia magnífica, y si mueres un par de veces por culpa de alguno de estos dos detalles la buena noticia es que lo puedes volver a intentar, sin esperar demasiado, pues los tiempos de carga son bastante rápidos.

Lo que realmente brilla en The Last Guardian son los puzzles, que van desde encontrar barriles de alimento para Trico, hasta encontrar la forma de abrir una puerta, ya sea escalando o moviendo objetos para llegar a nuevas alturas o áreas.

Los combates con las armaduras mágicas son bastante gratificantes, aunque no llegan a resultar difíciles. Trico sin duda es de gran ayuda en estas situaciones pero el niño también aporta mucho a pesar de su tamaño y fuerza, la clave es ser creativo y estar atento a las armas que cargan los enemigos, además del entorno. De hecho hay batallas en las que nuestro enorme compañero no podría salir victorioso sin la ayuda del niño.

Una belleza familiar

Tanto los personajes como los diferentes escenarios que recorremos están bellamente cuidados. Los edificios, sus pasillos, cuartos y escaleras realmente parece que algún día albergaron vida dentro de ellos, pareciera como si en cada rincón se escondiera una anécdota y que cada elemento está en ese lugar por una razón. Lo mismo sucede con los espacios exteriores, cada árbol parece estar feliz de haber crecido precisamente en ese lugar, además siempre hay algún animal por ahí, y aunque nunca llegues a interactuar con ellos, su simple presencia hace que el mundo se sienta vivo.

La dirección de arte es probablemente el aspecto más cuidado del juego. Realmente me gustó mucho el mundo que nos presenta The Last Guardian, pues me parece que combina dos o más estilos visuales que de alguna manera encajan perfectamente juntos. Por ejemplo, me parece que los edificios y todos los elementos que los componen se ven muy realistas, pero los escenarios con más vegetación parecen bellas acuarelas cuidadosamente iluminadas, lo que le da una sensación de fantasía al recorrerlos.

Algo similar sucede con los personajes. Las armaduras mágicas realmente parecen esculturas de civilizaciones antiguas, mientras que el niño y los personajes de su aldea tienen un toque casi caricaturesco.
Pero sin duda el personaje más cautivante es Trico. Su rostro muestra perfectamente sus diferentes estados de ánimo, aún más con los colores que refleja en sus ojos —verde es tranquilidad, rojo es enojo y amarillo es incertidumbre o hambre—, mismos que brillan en la oscuridad o literalmente la iluminan para ayudarte a encontrar el camino.

Mi parte favorita del diseño de Trico es su plumaje, en hermosos tonos azules que se ven aún mejor cuando el sol del atardecer lo alcanza. Cada pluma parece tener vida propia y cada una parece una bella acuarela pintada a mano. Lo mejor es que es interactiva, pues además de permitirte trepar encima de tu enorme compañero también refleja el daño recibido en batalla con claras manchas de sangre, mismas que puedes eliminar al acariciar esas zonas en específico.

El canto de la criatura legendaria
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Trico no sólo se ve increíble, también suena así. Sus rugidos, chillidos y hasta sus resoplidos suenan como si se tratara de un animal real. Sus pasos suenan imponentes, dando cuenta del peso que tendría una criatura de esas proporciones.

Pero el hermoso diseño de audio no se limita a Trico, podemos escuchar bellos efectos de sonido al echarnos un clavado y nadar, escuchar la diferencia de tus pasos al correr sobre roca o pasto, incluso podemos escuchar el canto de algunos pájaros o el viento soplando entre los árboles. Cada detalle te sumergirá más en este cautivante mundo.

Aunque mi parte favorita del audio de The Last Guardian —y por mucho— es su música, creada por el compositor y director de orquesta Takeshi Furukawa, elegido por el mismísimo Fumito Ueda entre las propuestas que varios compositores del mundo presentaron para el proyecto. Al escuchar el resultado final creo que Ueda no pudo tomar mejor decisión.

Cada pieza te acompaña en la aventura y te sumerge en este mundo fantástico. Los momentos más decisivos de la historia se vuelven épicos gracias a la música ejecutada impecablemente por la London Symphony Orchestra, contando con el mismo Furukawa en la dirección y grabada en el estudio AIR de Londres.

Al terminar el juego, además de querer volverlo a jugar, me quedé con unas ganas enormes de escuchar nuevamente las magníficas piezas musicales del juego y sin duda, en cuanto me sea posible, compraré la edición de colección en vinil de la música de The Last Guardian, que ya se ha convertido en uno de mis soundtracks de videojuegos favoritos.

El claroscuro del misterioso valle

Hay muy pocas cosas que no me gustaron de The Last Guardian, las “más graves” ya las mencioné anteriormente —la cámara y los controles—, pero hay una más que sumar a esta lista, aunque honestamente termina siendo un halago. Y es que realmente lamento que este juego no cuente con un Photo Mode. Me parece que si dicha función existiera en esta aventura el tiempo que me hubiera tomado llegar a los créditos finales se hubiera triplicado. Aún sin esta función llegué a presionar el botón “Share” de mi Dualshock 4 en más de 50 ocasiones.

Podría mencionar también que me pareció un juego relativamente corto. No registré mi tiempo como tal, pero calculo que en total tardé entre 15 y 17 horas en acabarlo, tomando mi tiempo para explorar y resolver los puzzles. Realmente no es poco, pero lo que sí puedo decir es que me quedé con ganas de más.

Las bondades de la tercera obra de Fumito Ueda también ya las he mencionado, pero quisiera agregar que si algo me hizo feliz fueron las discretas referencias a los juegos anteriores de este aclamado creador japonés. Pude recordar mi experiencia con Ico en más de una ocasión. Pues las construcciones, sus habitaciones, sus palancas o puertas son de un estilo muy similar a las de la opera prima de Ueda.

También se pueden reconocer algunos elementos de Shadow of the Colossus, por ejemplo en The Last Guardian podemos usar un espejo para liberar una habilidad especial de Trico, pero la manera en la que diriges la luz me recordó muchísimo a la forma en la que Wander levanta la espada mágica para que los rayos de sol le muestren hacia donde tiene que ir para encontrar al siguiente coloso.

Hay elementos más obvios, como cuando trepas por el cuerpo de Trico, que sin duda te resultará muy similar a cuando te aferrabas a los colosos para clavar tu espada en sus puntos débiles. Si prestas atención encontrarás detalles más sutiles como una lagartija negra en un nivel que te lleva por lo que parecen túneles de minería, lagartija muy similar a las que Wander cazaba y comía para incrementar la fuerza y el tiempo de agarre al escalar.

La misma relación entre el niño y Trico se puede comparar a la que desarrollan Ico y Yorda, o a la que tiene Wander con su caballo Agro en Shadow of the Colossus. Lo que demuestra una consistencia en el trabajo creativo de Ueda, quien ya ha declarado —un tanto comprometido— que le gusta pensar que estas tres historias suceden en el mismo universo, sin llegar a ser secuelas o estar vinculadas directamente.

Conclusión

Fumito Ueda —con ayuda de su equipo— ha demostrado una vez más que las experiencias que más se quedan con nosotros son las que quitan todo lo que no es realmente necesario, y que la esencia de una historia es lo que resulta entrañable de un relato. Nos muestra una vez más que los humanos somos seres sociables y que los vínculos sentimentales que podamos forjar con quienes nos rodean harán de nuestra aventura más épica y memorable, aunque tu compañía se trate de una criatura digital ficticia.

The Last Guardian se siente como el regreso a ese mundo que ya pudimos conocer en Ico y Shadow of the Colossus, pero de ninguna manera resulta repetitivo o “más de lo mismo”. Realmente sentirás que pudiste visitar una nueva parte de ese universo, una parte que no pensabas que existiera.

En una ocasión, cerca del lanzamiento del juego, Ueda declaró que si al terminar de jugar The Last Guardian a los jugadores les quedaba la sensación de que Trico es un animal real, él y su equipo habrían cumplido su objetivo. Pues conmigo sin duda lo logró. Agradezco mucho la experiencia y ya espero con ansias su próximo juego. Ojalá no pasen otros 10 años para poder disfrutarlo, aunque si pasan sabré que valdrá la pena la espera.

Veredicto

The Last Guardian
95 100 0 1
95/100
Total Score

+

  • Historia impresionante
  • Experiencia inmersiva
  • Personajes entrañables
  • Hermosa música y diseño de audio
  • Dirección de arte muy pulida
  • Batallas gratificantes sin resultar excesivamente difíciles

-

  • Cámara deficiente en algunos ángulos y situaciones específicas
  • Controles torpes
  • El tiempo que esperamos para poder jugarlo
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